Páginas vistas en total

domingo, 25 de marzo de 2012

SIETE

¿Qué significa el número siete?

Hay que entender el número siete simbólicamente. No como una suma del -1 -1, etc..., hasta siete, sino como el resultado de 3 + 4. La sicología profunda, el estructuralismo, pero ya antes la Biblia y la Tradición, nos enseñan que los números 3 y 4 sumados forman el símbolo específico de la totalidad de una pluralidad ordenada.

El 4 es símbolo del cosmos (los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire), del movimiento y de la inmanencia. El 3 es el símbolo de lo Absoluto (Trinidad), del espíritu, del descanso y de la transcendencia. La suma de ambos, el número 7, significa la unión de lo inmanente con lo transcendente, la síntesis entre movimiento y descanso, y el encuentro entre Dios y el hombre, es decir,  el Verbo encarnado de Dios,  Jesucristo. Con  el número 7 queremos expresar el hecho de que la totalidad de la existencia humana en su dimensión material y espiritual está consagrada por la gracia de  Dios.  La salvación no se restringe a siete canales de comunicación; la totalidad de la salvación se comunica a la totalidad de la vida humana y se manifiesta de forma significativamente palpable en los ejes fontales de la existencia. En eso reside el sentido fundamental del número siete.

Cada vez que descendemos a la profundidad de nuestra existencia, ya sea asistiendo a la emergencia de nuestra vida, ya sea viéndola crecer, conservarse, multiplicarse, consagrarse, recuperarse de las rupturas demoledoras, no tocamos únicamente el misterio de la vida, sino que penetramos en aquella dimensión de Sentido absoluto que llamamos Dios y en la de su manifestación en el mundo que denominamos gracia. En la conjunción de la vida con la Vida se realiza el sacramento. La Vida vivifica a la vida. Gracias al sacramento.

(Los Sacramentos de la vida - Leonardo Boff)


Los siete sacramentos desdoblan y subliman los momentos - clave de la vida

El nacimiento es claramente un momento fuerte de la vida. Ha llegado el niño. Es pura gratuidad. Depende de la buena voluntad de los demás el que sea aceptado en la familia y sobreviva. El bautismo desdobla esa dependencia en cuanto dependencia de Dios y la sublima como participación en la vida de Cristo.

Otro momento clave de la vida es aquel en que el niño, ya crecido y libre, se decide. Ya maduró; entra en la sociedad de los adultos. Ocupa su lugar en el mundo profesional. Se trata de un giro importante de su vida en el que se juega, en parte, su destino. El hombre siente de nuevo que depende de una fuerza superior; experimenta a Dios. El sacramento de la Confirmación es el sacramento de la madurez  cristiana. Explicita la dimensión de Dios presente en este eje existencial.

Sin alimento la vida no se mantiene.  Cada comida permite al hombre hacer la experiencia gratificante de que su ser está ligado a otros seres. Por eso la comida humana va rodeada de ritos. La Eucaristía desdobla el sentido latente del comer como participación de la misma vida divina.

Otro eje existencial lo constituye el matrimonio. El amor vive de la gratuidad mutua. Los lazos que lo unen son frágiles porque dependen de la libertad. Se hace una experiencia que escapa al hombre, la de la garantía de la fidelidad. Depende e invoca la fuerza superior que es Dios. El sacramento explicita la presencia de Dios en el amor.

La enfermedad puede amenazar la vida humana El hombre percibe su limitación. De nuevo experimenta su dependencia. El sacramento de la Unción de los Enfermos expresa el Poder salvífico de Dios.

Existe una experiencia profunda que realiza todo hombre: la experiencia de la ruptura culpable con los otros y con Dios. Se siente  dividido y perdido Anhela la redención y la reconciliación con todas las cosas. El sacramento del retorno (Penitencia) articula la experiencia del perdón y el encuentro entre el hijo pródigo y el Padre bondadoso.

Vivir un mundo reconciliado y no fracturado, poder realizar la reconciliación universal y la paz: he ahí el secreto deseo que inspira la búsqueda de la felicidad. El sacramento del orden unge personas para que vivan la reconciliación y las consagra al servicio comunitario para la construcción de la reconciliación.

Cuando en el siglo XII los teólogos llegaron a determinar el número de los ritos fundamentales de la fe, eran llevados por el inconsciente colectivo de la vida y de la fe. La Iglesia-sacramento extiende su acción sobre toda la vida, pero de modos diversos. Se hace presente en momento clave de la existencia, allí donde la vida experimenta sus raíces más profundas. Allí explicita ella la presencia de Dios que, bondadosamente, nos acompaña.  Son los ritos esenciales de la fe gracias a los que se realiza la misma esencia de la Iglesia como señal de la salvación en el mundo. Una vez realizada la esencia de la Iglesia, la teología puede detectarla y determinarla: siete son los sacramentos esenciales de la fe.

En los principales nudos existenciales de la vida se concretizan los principales sacramentos de la fe.

La vida está grávida de la gracia.


(LOS SACRAMENTOS DE LA VIDA – Leonardo Boff)



martes, 13 de marzo de 2012

VIDA (1ER DERECHO HUMANO)



Y creó Dios… Y así fue. Vio Dios todo cuanto había hecho, y he aquí que estaba muy bien. (Génesis, 1)

La fe cristiana ilumina el valor de la vida y de la dignidad de la persona desde la apertura de Dios, “amigo de la Vida” (Sabiduría, 11, 16)

El hombre está llamado a una plenitud de vida que va más allá de las dimensiones de su existencia terrena, ya que consiste en la participación de la vida misma de Dios. Lo sublime de esta vocación sobrenatural manifiesta la grandeza y el valor de la vida humana incluso en su fase temporal.

La Iglesia sabe que este Evangelio de la vida, recibido de su Señor,  tiene un eco profundo y persuasivo en el corazón de cada persona, creyente e incluso no creyente, porque, superando infinitamente sus expectativas, se ajusta a ella de modo sorprendente.

Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón (cf.Rm 2, 14-15) el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política. (Evangelium Vitae, Juan Pablo II, 2)


JESUCRISTO (JESÚS DE NAZARETH)


Es el mismo Dios quien, en la plenitud de los tiempos, envía a su Hijo, Jesucristo, para que hecho carne, venga a liberar a todos los hombres de todas las esclavitudes a que los tiene sujetos el pecado, la ignorancia, el hambre, la miseria y la opresión; en una palabra, la injusticia y el odio que tienen su origen en el egoísmo humano. (Medellín, 1, 3)

Sólo a la luz de Cristo se esclarece verdaderamente el misterio del hombre. En la Historia de la Salvación, la obra divina es una acción de liberación integral y de promoción del hombre, en toda su dimensión, que tiene como único móvil el amor. (Medellín, 1, 4)

Cristo, primer evangelizador y testigo fiel, evangeliza dando testimonio veraz de lo que ha visto junto al Padre y hace las obras que ve hacer al Padre; sus acciones tan testimonio de que vino del Padre. (Puebla 967)


UTOPÍA




… La espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino   más bien avivar, la preocupación de de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. (Gaudium el Spes, 39)

Las utopías son, en primer lugar, proyección de las aspiraciones más profundas de la humanidad y satisfacen la necesidad de representar de alguna manera lo que no resulta accesible al conocimiento sensible. Cumplen tres funciones principales: Criticar el orden establecido, Prosperar nuevos modelos de sociedad y Movilizar las energías capaces de cambiar la sociedad. (L. González-Carvajal)

La apelación a la utopía es con frecuencia un cómodo pretexto para quien desea rehuir las tareas concretas refugiándose en un mundo imaginario. Vivir en un futuro hipotético es una coartada fácil para deponer responsabilidades inmediatas. (Octogesima adveniens, Pablo VI, 37 )

Las utopías son, en primer lugar, proyección de las aspiraciones más profundas de la humanidad y satisfacen la necesidad de representar de alguna manera lo que no resulta accesible al conocimiento sensible. Cumplen tres funciones principales: Criticar el orden establecido, Prosperar nuevos modelos de sociedad y Movilizar las energías capaces de cambiar la sociedad. (L. González-Carvajal)


… Una de las principales tareas para seguir alentando la liberación cristiana es la búsqueda creativa de caminos que se aparten de ambigüedades y reduccionismos en plena fidelidad a la Palabra de Dios que nos es dada en la Iglesia y que nos mueve al alegre anuncio a los pobres, como uno de los signos mesiánicos del Reino de Cristo. (Puebla 488)



UNIDAD



… Que todos sean uno. Como Tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado. (Juan, 17, 21)

La unidad de la Iglesia es a la vez unidad de comunión espiritual o de gracia, y unidad en los medios que procuran la vida (cfr. Hechos 2, 42)

Debido a la Comunidad de origen, el género humano forma una unidad. Porque Dios creó, en un solo principio, todo el linaje humano. Fidei Depósitum, 360)

Es esencial a la visión cristiana de la comunión reconocerla ante todo como don de Dios, como fruto de la iniciativa divina cumplida en el misterio pascual. La nueva relación entre el hombre y Dios, establecida en Cristo y comunicada en los sacramentos, se extiende también a una nueva relación de los hombres entre sí. (Communionis notio, J. Ratzinger, 3)


TRINIDAD



Evangelizar es, ante todo, dar testimonio, de una manera sencilla y directa, de Dios revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo. Testimoniar que ha amado al mundo en su hijo; que en su Verbo Encarnado ha dado a todas las cosas el ser, y ha llamado a los hombres a la vida eterna. (E.Nunciantti, 26)

Dios es Amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo. (Fidei Depósitum, Juan Pablo II - Catecismo Iglesia Católica, 257)

Las personas divinas, inseparables en su ser, son también inseparables en su obrar. Pero en la única operación divina cada una manifiesta lo que le es propio en la Trinidad, sobre todo en las misiones divinas de la Encarnación del Hijo y del don del Espíritu Santo. (Fidei Depósitum, Juan Pablo II, 267)

La creación es la obra común de la Santa Trinidad. (Fidei Depósitum, Juan Pablo II - Catecismo Iglesia Católica, 292, 257)

… La gloria de Dios consiste en que se realice esta manifestación y esta comunicación de su bondad para los cuales el mundo ha sido creado. (Fidei Depósitum, 294)


TRABAJO


La persona humana es y debe ser el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones (G.S., 25). Todo hombre tiene derecho al trabajo, a la posibilidad de desarrollar sus cualidades y su personalidad en el ejercicio de su profesión, a una remuneración equitativa que le permita a él y a su familia “llevar una vida digna en el plano material, cultural y espiritual” (G.S., 58), a la asistencia en caso de necesidad por razón der enfermedad o de edad. (Octogésima Adveniens, 14)

El todos los campos, el laico deberá buscar y promover el bien común en la defensa de la dignidad del hombre y de sus derechos inalienables, en la protección de los más débiles y necesitados, en la construcción de la paz, de la libertad, de la justicia; en la creación de estructuras más justas y fraternas. (Puebla, 792)



TOMA DE CONCIENCIA DE LO SOCIAL


En medio de las perturbaciones e incertidumbres de la hora presente, la Iglesia tiene un mensaje específico que proclamar, tiene que prestar apoyo a los hombres en sus esfuerzos por tomar en sus manos y orientar su futuro. Desde la época de la “Rerum novarum” denunciaba clara y categóricamente el escándalo de la situación de los obreros dentro de la naciente sociedad industrial, la evolución histórica ha hecho tomar conciencia de otras dimensiones y de otras aplicaciones de la justicia social. 



… Hoy el hecho de mayor importancia, del que cada uno debe tomar conciencia, es que la cuestión social ha adquirido proporciones mundiales. Una renovada toma de conciencia de las exigencias del mensaje evangélico impone a la Iglesia el deber de ponerse al servicio de los hombres para ayudarles a comprender todas las dimensiones de este grave problema y para convencerles de la urgencia de una acción solidaria en este viaje de la historia de la humanidad. (Octogésima Adveniens, 5)

Esto nos pide una oración más asidua, meditación más profunda de la Escritura, despojo íntimo y efectivo según el Evangelio de nuestros privilegios, modos de pensar, ideologías, relaciones preferenciales y bienes materiales; una mayor sencillez de vida; el compromiso cabal de la “hipoteca social” de la propiedad; la comunicación cristiana de bienes materiales y espirituales; la colaboración en acciones comunitarias de promoción humana y una amplia gama de obras de caridad, cuyo mínimo exigible es la justicia, junto con la mayor libertad ante criterios y poderes pervertidos. (Puebla, 975)

De María, quien en su canto del Magníficat proclama que la salvación de Dios tiene que ver con la justicia hacia los pobres, “parte también el compromiso auténtico con los más pobres y necesitados y por la necesaria transformación de la sociedad”. (Juan Pablo 2º, Zapopán, 79). (Puebla, 1144)

TESTIMONIO


La Buena Nueva debe ser proclamada, en primer lugar, mediante el TESTIMONIO. (Evangelii Nuntiandi, 21)

Esta evangelización se debe realizar a través del testimonio personal y comunitario que se expresará, de manera especial, en el contexto del mismo compromiso temporal. (Medellín, 7, 13)

El verdadero testimonio de los cristianos es la manifestación de las obras que Dios realiza en los hombres… (Puebla 970)

Los verdaderos cristianos, unidos a Jesús, dan a su vez este mismo testimonio (de Cristo). Por sus obras, testifican el amor que el Padre tiene a los hombres, el poder salvador con que Jesucristo libera del pecado y el amor que ha sido derramado por el Espíritu que habita en ellos, capaz de crear verdadera comunión con el Padre y los hermanos. (Puebla, 968)

El testimonio de una Iglesia pobre, puede evangelizar a los ricos que tienen su corazón apegado a las riquezas, convirtiéndolos y liberándolos de esta esclavitud y de su egoísmo. (Puebla, 1156)

Tenemos conciencia de que la transformación de estructuras en una expresión externa de la conversión interior. Sabemos que esta conversión empieza por nosotros mismos. Sin el testimonio de la Iglesia convertida serían vanas nuestras palabras de pastores. (Puebla, 1221)

lunes, 12 de marzo de 2012

SOLIDARIDAD


Lo típicamente laical está constituido, en efecto, por el compromiso en el mundo, entendido este como marco de SOLIDARIDAD humanas, como trama de acontecimientos y hechos significativos, en una palabra, como historia. Ahora bien, comprometerse es ratificar activamente la solidaridad en la que todo hombre se halla inmerso, asumiendo tareas de PROMOCIÓN HUMANA en la línea de un determinado proyecto social. (Medellín, 10, 9)

La pobreza de tantos hermanos clama justicia, solidaridad, testimonio, compromiso, esfuerzo y superación para el cumplimiento pleno de la misión salvífica encomendada por Cristo. (Medellín, 14, 7)

Los bienes y riquezas del mundo, por su orden y naturaleza, según voluntad del Creador, son para servir efectivamente a la utilidad y provecho de todos y cada uno de los hombres y los pueblos. De ahí que a todos y a cada uno les compete un derecho primario y fundamental, absolutamente inviolable, de usar solidariamente esos bienes, en la medida de lo necesario, para una realización digna de la persona humana. (Puebla, 492)

El compromiso evangélico de la Iglesia, debe ser como el de Cristo: un compromiso con los más necesitados. La Iglesia debe mirar, por consiguiente, a Cristo cuando se pregunta cual ha de ser su acción evangelizadora. El hijo de Dios demostró la grandeza de ese compromiso al hacerse hombre, pues se identificó con los hombres haciéndose uno de ellos, solidario con ellos y asumiendo la situación en que se encuentran, en su nacimiento, en su vida y, sobre todo, en su pasión y muerte donde llegó a la máxima expresión de la pobreza. (Puebla, 1141)

SERVICIO


No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna, sino que quiere ser humilde servidora de todos los hombres. (Medellín, 14, 18)

Todos los cristianos, dondequiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de la palabra, el hombre nuevo de que se revistieron por el bautismo. (Ad Gentes, 11)

El Pueblo de Dios, como Sacramento universal de salvación, está enteramente al servicio de la comunión de los hombres con Dios y del género humano entre sí. La Iglesia es, por tanto, un pueblo de servidores. Su modo propio de servir es Evangelizar; es un servicio que sólo ella puede prestar. (Puebla, 270)

La Iglesia, misterio de comunión, pueblo de Dios AL SERCVICIO DE LOS HOMBRES, continúa a través de los tiempos siendo evangelizadora y llevando a todos la Buena Nueva. (Puebla, 167)

El servicio a los pobres es la medida privilegiada, aunque no excluyente, de nuestro seguimiento a Cristo. El mejor servicio al hermano es la evangelización que lo dispone a realizarse como hijo de Dios, lo libera de las injusticias y lo promueve integralmente. (Puebla, 1145)

SANTIDAD



Las obras de los cristianos guiados por el Espíritu son: amor, comunión, participación, solidaridad, dominio de sí mismo, alegría, esperanza, justicia realizada en la paz, castidad, entrega desinteresada en sí mismo; en una palabra, todo lo que constituye la santidad; ésta va acompañada de frecuencia de sacramentos, oración y devoción intensa a María. (Puebla, 969)

SALVACIÓN


La teología, la predicación, la catequesis, para ser fieles y completas, exigen tener ante los ojos a todo el hombre y a todos los hombres y comunicarles en forma oportuna y adecuada un mensaje particularmente vigoroso en nuestros días sobre la liberación, siempre en el designio global de la salvación. (Puebla, 479)

Cuando la Iglesia evangeliza y logra la conversión del hombre, también lo educa; pues la salvación (don divino y gratuito) lejos de deshumanizar al hombre, lo perfecciona y ennoblece; lo hace crecer en humanidad. (Puebla, 1013)

La salvación que nos ofrece Cristo, da sentido a todas las aspiraciones y realizaciones humanas pero las cuestiona y las desborda infinitamente. Aunque comienza ciertamente en esta vida, tiene su cumplimiento en la eternidad. (Puebla, 353)

SACRAMENTOS



Cristo “es imagen de Dios invisible” (Col. 1, 15). Como tal, es el SACRAMENTO primordial y radical del Padre: “el que me ha visto ha visto a Mí, ha visto al Padre” (Jn, 14, 9)

"La Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano" (Lumen Gentium, 1).

La Iglesia, a su vez, es SACRAMENTO de Cristo; para comunicar a los hombres la vida nueva. Los siete sacramentos de la Iglesia, concretan y actualizan para las distintas situaciones de la vida, esta realidad sacramental. (Puebla, 921-922)

Por eso no basta recibirlos en forma pasiva, sino vitalmente insertados en la comunión eclesial. Por los sacramentos Cristo continúa, mediante la acción de la Iglesia, encontrándose con os hombres y salvándonos. La celebración eucarística, centro de la sacramentalidad de la Iglesia y la más plena presencia de Cristo en la humanidad, es centro y culmen de toda la vida sacramental. (Puebla, 923)

RELIGIOSIDAD POPULAR


Por religión del pueblo, religiosidad popular o piedad popular, entendemos el conjunto de hondas creencias selladas por Dios, de las actitudes básicas que de esas convicciones se derivan y las expresiones que las manifiestan. Se trata de la forma o de la existencia cultural que la religión adopta en un pueblo determinado. (Puebla 444)

Esta religión del pueblo es vivida preferentemente por los pobres y sencillos, pero abarca todos los sectores sociales y es, a veces, uno de los pocos vínculos que reúne a los hombres en nuestras naciones políticamente tan divididas. (Puebla, 447)

La religiosidad popular no solamente es objeto de evangelización sino que, en cuanto contiene encarnada la Palabra de Dios, es una forma activa con la cual el pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo. (Puebla, 450)

La piedad popular presenta aspectos positivos como: sentido de lo sagrado y trascendente; disponibilidad a la Palabra de Dios; marcada piedad mariana; capacidad para rezar; sentido de amistad, caridad y unión familiar; capacidad de sufrir y reparar; resignación cristiana en situaciones irremediables; desprendimiento de lo material. (Puebla, 913)


sábado, 10 de marzo de 2012

RELACIONES HUMANAS Y URBANISMO



Urge reconstruir, a escala de calle, de barrio o de gran conjunto, el tejido social, dentro del cual el hombre pueda dar satisfacción a las exigencias justas de su personalidad. Hay que crear o fomentar centros de interés y de cultura a nivel de comunidades y de parroquias, en sus diversas formas de asociación, círculos recreativos, lugares de reunión, encuentros espirituales, comunitarios, donde, escapando del aislamiento de las multitudes modernas, cada uno podrá crearse nuevamente relaciones fraternales. (Octogésima Adveniens, 11)

Construir la ciudad lugar de existencia de los hombres y de sus extensas comunidades, crear nuevos modos de proximidad y de relaciones, percibir una aplicación original de la justicia social, tomar a cargo este futuro colectivo que se anuncia difícil, es una tarea en la cual deben participar los cristianos. (Octogésima Adveniens, 12)

DESARROLLO SOLIDARIO


El desarrollo completo del hombre no puede darse sin el desarrollo solidario de la humanidad. Hay que lograr una verdadera comunión entre todas las naciones. Esta labor gravita en primer lugar sobre las naciones favorecidas. Triple aspecto: ayuda a los pueblos débiles; reforma del comercio internacional; promover por medio de la solidaridad universal un mundo más humano. (Populorum Progressio, 43-44)

GLOBALIZACIÓN


Hoy día los pueblos ricos tienen gravísimos deberes que cumplir. El deber de solidaridad de las personas es deber también de las naciones.

Ningún pueblo desarrollado puede pretender reservar sus riquezas para uso exclusivo. Debe consagrar parte de su producción y de su potencial humano a los países necesitados.

Lo superfluo de los países ricos debe servir a los países pobres. (Populorum Progressio, 47-49)

Todo derroche, público o privado, es un escándalo intolerable. (Populorum Progressio, 52)

viernes, 9 de marzo de 2012

REINO DE DIOS


Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un reino, el REINO DE DIOS; tan importante que, en relación con él, todo se convierte en “lo demás”, que es dado por añadidura (cf. Mt. 6). Solamente el Reino es absoluto y todo el resto es relativo. (Ev. Nunciantti, 8)

El mensaje de Jesús tiene su centro en la proclamación del Reino que en Él mismo se hace presente y viene. Este Reino, sin ser una realidad desligable de la Iglesia (L.G., 8), trasciende sus límites visibles. Porque se da, en cierto modo, donde quiera que Dios esté reinando mediante su gracia y su amor, venciendo el pecado y ayudando a los hombres a crecer hacia la gran comunión que les ofrece en Cristo. (Puebla, 226)

De ahí que la Iglesia haya recibido la misión de anunciar e instaurar el Reino en todos los pueblos. Ella es su signo. En ella se manifiesta, de modo visible, lo que Dios está llevando a cabo, silenciosamente en el mundo entero. (Puebla, 227)


martes, 6 de marzo de 2012

REFORMA LABORAL


 Lo que manifiestan la HOAC y la JOC
ante la nueva reforma laboral

Nos parece no solo interesante, sino necesario darlo a conocer.

Comunicado conjunto.

La Juventud Obrera Cristiana y la Hermandad Obrera de Acción Católica, como parte de la Iglesia en el mundo obrero y del trabajo, ofrecemos esta reflexión ante la aprobación por el Consejo de Ministros de una nueva reforma laboral.

Nos encontramos con la 16ª reforma del mercado de trabajo en democracia. Hasta ahora las sucesivas reformas laborales llevadas a cabo por los gobiernos, de uno u otro signo político, bajo el pretexto de modernizar y flexibilizar dicho mercado laboral, han transformando la concepción y función del trabajo asalariado en nuestra sociedad y están socavando los derechos de las personas trabajadoras y de sus familias.

Estas reformas siempre se han presentado como una necesidad para combatir el desempleo, pero sólo han conseguido:

- incrementar el empleo temporal, especialmente para los jóvenes;
- diversificar las modalidades de contratación a la carta;
- abaratar el coste del despido;
- reducir el crecimiento de los salarios;
- devaluar lo público (servicios sociales, educación y sanidad).

En definitiva, han profundizado en el trabajo precario y en el empobrecimiento de las familias trabajadoras. Un ejemplo lo tenemos en los años de crecimiento económico anteriores a la actual crisis: aún creándose riqueza y empleo, estos no sirvieron para disminuir la pobreza en nuestro país.

Ninguna reforma ha estado orientada hacia la expansión de un empleo decente como Benedicto XVI reclama en la encíclica Caritas in veritate. Los derechos que emanan de un trabajo a la altura del ser humano no pueden estar subordinados a las exigencias económicas. Es la economía la que debe orientarse a las necesidades de las personas y de sus familias; es el ser humano el centro de la actividad económica y laboral. El respeto a la dignidad del trabajo, vinculado a la dignidad de la persona, es y debe ser el criterio central de una economía orientada por “una ética amiga de la persona”. (Benedicto XVI, Caritas in veritate, 45)

Esta nueva reforma es otra agresión al trabajo humano como principio de vida. Creemos que una reforma laboral que pretende ser completa y marcar un antes y un después en las relaciones laborales, no puede hacerse sin el suficiente consenso social entre las personas trabajadoras y el colectivo empresarial. Y tendría, además, que responder a las necesidades de las familias trabajadoras y no a las exigencias impuestas por los mercados financieros, las grandes empresas, las instituciones comunitarias y los organismos económicos internacionales.

Esta reforma laboral es una vuelta de tuerca más para flexibilizar el mercado de trabajo:

- Quiebra el derecho constitucional a la negociación colectiva y a la capacidad organizativa de los trabajadores –no existe negociación real de los trabajadores en el ámbito de la empresa cuando el 95% del tejido productivo español está compuesto por empresas de menos de 50 trabajadores. Este Real Decreto contempla la fractura de la cohesión social al habilitar la “caducidad” de los convenios colectivos desincentivando cualquier negociación entre las partes.

- Facilita y abarata la expulsión del mercado de trabajo: quita trabas al despido por causas económicas; rebaja la indemnización del improcedente (pasando a 33 días por año trabajado, con un máximo de 24 mensualidades) y elimina la autorización administrativa para poder llevar a cabo los expedientes de regulación de empleo. Los contratos indefinidos con esta nueva regulación tampoco tendrán, como los temporales, condición de estabilidad.

- Abre el camino para ajustar los salarios a la productividad. Con esta reforma, los salarios de los trabajadores más débiles van a depender de la voluntad unilateral del empresario.

- Dificulta, cuando no impide o precariza, el empleo juvenil. Más del 80% del empleo destruido por la crisis corresponde a empleo
juvenil.  El nuevo contrato de trabajo indefinido, especialmente para jóvenes (también para desempleados de larga duración), dirigido a las empresas de menos de 50 trabajadores, se puede convertir, más que indefinido, en un contrato temporal sin causa justificada. Estas nuevas modalidades de contratación y regulación ponen en serio peligro, aún más, la estabilidad presente y futura de la mayor parte de la juventud.


No compartimos la individualización de las relaciones laborales que propone esta reforma. Recordamos a nuestros gobernantes que el trabajo es una experiencia comunitaria y que una de las funciones de la empresa, según la Doctrina Social de la Iglesia, es favorecer la comunitariedad. Todo lo que suponga la individualización, dar prioridad a los intereses personales frente a los colectivos, significa romper la vocación a la comunión del ser humano.

No es lícito eliminar derechos y protección de las personas trabajadoras con el argumento de combatir el desempleo y de reducir la temporalidad, cuando han sido las políticas económicas de los últimos gobiernos las que han provocado que haya un tejido productivo tan débil y un empleo tan precario.

No podemos seguir flexibilizando las relaciones laborales sin garantizar la seguridad de una vida digna para las personas trabajadoras y sus familias. Y esta reforma se lleva a cabo en un contexto de quiebra del Estado de Bienestar, de reducción del Sector Público y de recortes de los servicios y prestaciones sociales sin precedentes.

Esta reforma rompe el débil equilibrio conquistado históricamente entre capital-trabajo, alejándose del principio siempre defendido por la Iglesia de la prioridad del trabajo frente al capital. Además, supone un nuevo golpe al Derecho Laboral limitando su capacidad de frenar la creciente mercantilización y “cosificación” del trabajo humano. Consideramos que este gobierno ha aprovechado el estado de quietud y miedo de la mayor parte de la ciudadanía, para eliminar viejas conquistas laborales y aspiraciones conseguidas tras muchas luchas de tantas personas a lo largo de la historia.

Los retos actuales que atraviesa la economía española requieren medidas políticas concertadas en el ámbito internacional que subordinen la economía financiera a la economía productiva. Es preciso, como ha pedido insistentemente Benedicto XVI y el Pontificio Consejo Justicia y Paz, una reforma del sistema financiero internacional. Esta reforma supondría avanzar en justicia social y comunión de bienes, redistribuyendo efectivamente la riqueza existente; controlar la economía especulativa y frenar el desmedido afán de lucro, en lugar de eliminar derechos. Este es el camino que puede generar riqueza orientada a la creación de empleo decente y con derechos, y a disminuir la pobreza.

Como Iglesia en el mundo obrero, en las actuales circunstancias, pedimos a las autoridades políticas, a los agentes sociales y económicos, al conjunto de los trabajadores y de la sociedad, y especialmente a los cristianos y cristianas, que caminemos juntos, con la intención de eliminar las causas que han generado esta crisis económica y, al mismo tiempo, superemos las estructuras económicas y sociales injustas que tanto sufrimiento, deshumanización y pobreza están provocando a las personas.

También instamos a los partidos políticos a corregir y reorientar, en el proceso parlamentario, esta reforma laboral poniendo en el centro de la misma el trabajo decente y con derechos y, al mismo tiempo, animamos a participar en las iniciativas y movilizaciones que se convoquen por parte de las organizaciones eclesiales, sociales y sindicales que ayuden a tomar conciencia y revertir esta situación tan lesiva para las personas trabajadoras y sus familias.



17 febrero 2012 

viernes, 2 de marzo de 2012

PUEBLO DE DIOS


El Pueblo de Dios es un Pueblo universal. Familia de Dios en la tierra; Pueblo santo; Pueblo que peregrina en la historia; Pueblo enviado. (Puebla, 236)

La Iglesia es un Pueblo universal, destinado a ser “luz de las naciones” (Is. 49, 6; Lc. 2, 32). No se constituye por raza, ni por idioma, ni por particularidad humana alguna. Nace de Dios por la fe en Jesucristo. Por eso no entra en pugna con ningún otro pueblo y puede encarnarse en todos, para introducir en sus historias el Reino de Dios. (Puebla, 237)

Todos los hombres son llamados a formar parte del PUEBLO DE DIOS. Por lo cual este Pueblo, siendo uno y único, ha de abarcar el mundo entero y todos los tiempos, para cumplir los designios de la voluntad de Dios, que creó en el principio una sola naturaleza humana, y determinó congregar en un conjunto a todos sus hijos, que estaban dispersos (cf. Jn. 11, 52). Para ello envió Dios a su Hijo, a quien constituyó heredero universal, para que fuera Maestro, Rey y Sacerdote nuevo, Cabeza del nuevo y universal Pueblo de los hijos de Dios. (Const. Dog. Iglesia, 13)



PROPIEDAD DE LOS BIENES


Los bienes y las riquezas del mundo, por su origen y naturaleza, según voluntad del Creador, son para servir efectivamente a la utilidad y provecho de todos y cada uno de los hombres y los pueblos. De ahí que a todos y a cada uno compete un derecho primario y fundamental, absolutamente inviolable, de usar solamente esos bienes, en la medida de lo necesario, para una realización digna de la persona humana. Todos los demás derechos, también el de propiedad y libre comercio, le están subordinados… (Puebla, 492)

PROMOCIÓN Y DESARROLLO


El desarrollo completo del hombre no puede darse sin el desarrollo solidario de la humanidad. (Populorum Progressio, 43)

… Se despliega un proceso dinámico de liberación integral… Es un anuncio que urge a la Iglesia y que pertenece a la entraña misma de una evangelización que tiende hacia la realización auténtica del hombre. (Puebla, 480)