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martes, 12 de junio de 2012

Una comida diferente





Un artículo de PACO ROBLES publicado en el ABC de Madrid en abril del año pasado, que nos llega ahora; pero pensamos que sigue teniendo actualidad.



 Una comida diferente

         Era un comedor social. El señor del que os voy a hablar, se vio rodeado de eso que nunca se nombraba en los informes que él preparaba en la Junta: “POBRES”.

           Pagó la última ronda de unas cervezas que le habían sentado divinamente después de una intensa semana de trabajo, se lo habían pasado bomba despotricando del viaje del Papa, de la hipocresía de la Iglesia, de todo lo que les pedía el anticlericalismo que los unía como la amistad que se profesaban y que les servía para estar colocados en la misma empresa pública de la Junta. Se fue a casa para comer algo antes de echarse una buena siesta, pero de camino se encontró con un olor que lo llevó directamente hasta el paraíso efímero de su infancia. Un olor a cocido, a caldo humeante, el aroma que lo recibía cuando llegaba a su casa después del colegio, con su madre atareada en la humilde cocina donde la olla hervía sin cesar.

         Entró en un local que le pareció un restaurante modesto, pero con encanto; iba distraído, pensando en el Informe Técnico sobre Prevención de Riesgos Psicosociales de las Personas Expuestas a Situaciones de Disrupción Económica Familiar que le habían encargado en la empresa pública donde trabaja. En realidad, no era un restaurante; sino un autoservicio frecuentado por gente de toda condición. Había personas ataviadas a la antigua usanza, junto a individuos solitarios que vestían según las normas alternativas del arte povera. De pronto abrió los ojos y se quedó pasmado al comprobar que, quien le servía la comida en la bandeja, era una monja. Aquello era un comedor social y se vio rodeado de eso que nunca se nombra en los informes ni en los dosieres que prepara: pobres.

          Quiso retirarse; pero la monja no lo dejó. Le sonrió y le dijo que no se preocupara, que la primera vez es la más complicada, que no debía avergonzarse de nada, que el cocido estaba buenísimo y que, de segundo, había filete empanado; que no se perdiera las vitaminas de la ensalada ni de la fruta, y que podía rematar la comida con un helado de los que había regalado una fábrica cuyo nombre obvió. Se vio sentado a una mesa donde un matrimonio mayor, y bien vestido, comía en silencio, sin levantar los ojos de la bandeja. Enfrente, un tipo con barba descuidada sonreía mientras devoraba el filete empanado y le contaba su vida; había perdido el trabajo, el banco se había quedado con su casa, después del divorcio no sabía a dónde ir; menos mal que las monjas le daban comida y ropa, y que dormía en el albergue bajo techo. «Al final, he tenido suerte en la vida, compañero; así que no te agobies, que de todo se sale…»

          No podía creer lo que estaba sucediendo. Nadie le había pedido nada por darle de comer, ni le habían preguntado por sus creencias. Se limitaban a darle de comer al hambriento, sin adjetivos. Al salir, no le dio las gracias a la monja que le había dado de comer. Pero no fue por mala educación, sino porque no podía articular palabra. Una inclinación de cabeza. Ella le contestó con una sonrisa leve. «Vuelve cuando lo necesites y, si no estoy, di que vienes de parte mía. Me llamo Esperanza».

Pregunta: ¿Hay algún comedor social regido por ateos o por los sindicatos?






3 comentarios:

  1. Perfecto amigo y este articulo tuyo tenemos que mandarlo a todas partes, pues yo también me hice eco en su dia y lo publique a los cuatro vientos en mi blog y en 120 periodicos a los que se los mande.
    Es desolador, deplorable, mezquino, e injusto que unos miserables extremistas pongan en tela de juicio la labor de la Santa Iglesia Católica y sus instituciones como Caritas.
    Aqui no vale creer o no creer, aquí se demuestras los hechos.
    Canallas ¿quien les daría de comer a estas pobres gentes si no existiese la Iglesia? quizá ¿en La sede del PSOE o del PP?, o a lo mejor en ¿la UGT o CCOO?. Todos parásitos de la sociedad española.
    Canallas que sois unos canallas y lo peor es que lo sabéis. Cornudos consentidos.
    Un saludo amigo mio.

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  2. Siempre es importante que la gente se entere de como son las cosas. Las apariencias engañan muchas veces. Efectivamente en la Iglesia hay muchas cosas mal hechas que hasta merecen ser denunciadas, pues está formada por hombres y mujeres imperfectos y pecadores, que muchas veces se pasan de rosca. Pero no todo es malo y también hay cosas que merecen un reconocimiento y que deberían ser publicadas.

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  3. Es evidente que para hacer obras buenas y caritativas, hay que creer en el Amor y en las personas. Quien solo piensa en el poder y en el poder del dinero es imposible que ni se plantee ayudar a los demás.

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