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viernes, 30 de diciembre de 2011

GRACIAS, AYUDA, PERDON.


AGRADECIMIENTO DE FIN DE AÑO

En estos últimos momentos del año que hoy termina,
heme aquí, Señor, en silencio y en recogimiento
para decirte: GRACIAS,
para solicitarte AYUDA,
para implorarte PERDON.


GRACIAS

Señor por la paz, por la alegría, por la unión
que los hombres, mis hermanos, me han brindado,
por esos ojos, que con ternura y comprensión me miraron.
Por esa mano oportuna que me levantó,
por esos labios, cuyas palabras y sonrisa me alentaron,
por esos oídos que me escucharon, por ese corazón,
que amistad, cariño y amor me dieron.
Gracias Señor por el éxito que me estimuló,
por la salud que me sostuvo,
por la comodidad y diversión que me descansaron.
Gracias, señor, me cuesta decírtelo…
Por la enfermedad, por el fracaso, por la desilusión,
por el insulto, por el engaño, por la soledad,
por el fallecimiento del ser querido.
Tu lo sabes, Señor cuan difícil fue aceptarlo;
quizás estuve al punto de la desesperación,
pero ahora me doy cuenta, que todo esto
me acerco más a Ti.
¡Tu sabes lo que hiciste!
Gracias, Señor; sobre todo por la fe
que me has dado en ti y en los hombres
Por esa fe que se tambaleo por que Tu nunca dejaste
de fortalecer cuando tantas veces encorvado,
bajo el peso del desanimo me hizo caminar
en el sendero de la verdad a pesar de la oscuridad.

AYUDA

Te he venido también a implorar para el año
que muy pronto va a comenzar.
Lo que el futuro me deparara, lo desconozco Señor.
Vivir en la incertidumbre, en la duda,
no me gusta, me molesta, me hace sufrir.
Pero se que Tu siempre me ayudarás
yo te puedo dar la espalda. Soy libre.
Tu nunca me la darás. Eres fiel.
Yo se que me tenderás la mano
Tu lo sabes que yo no siempre la tomaré.
Por eso, hoy te pido, que me ayudes a ayudarte,
que llenes mi vida de esperanza y generosidad.
No abandones la obra de tus manos, Señor.


PERDON

No podría retirarme sin pronunciar esa palabra
que tantas veces, te debí haber dicho,
pero que por negligencia y orgullo, he callado:
perdón, Señor; por mis negligencias, descuidos y olvidos,
por mi orgullo y vanidad, por mi necedad y capricho,
por mi silencio y mi excesiva locuacidad.
Perdón, Señor; por juzgar a mis hermanos,
por mi falta de alegría y entusiasmo,
por mi falta de fe y confianza en Ti,
que me conforta mi temor en mi por mi cobardía
y mi temor en mi compromiso.
Perdón porque me han perdonado,
y no he sabido perdonar.
Perdón por mi hipocresía y mi doblez,
por esa apariencia, que con tanto esmero cuido
pero que en el fondo, no es más que engaño a mi mismo.
Perdón por esos labios que no sonrieron por esa palabra
que callé, por esa mano que no tendí,
por esa mirada que desvié, por esos oídos que no preste,
por esa verdad que omití, por ese corazón
que no amo … por ese Yo que se prefirió.
Señor, no te he dicho todo.
Llena con amor mi silencio y cobardía.


GRACIAS, por todos los que no te dan las gracias.
AYUDA, a todos los que imploran tu ayuda.
PERDON, por todos los que no imploran perdón.
Me inclino reverentemente ante el Señor.




M.E. Winston Pauta Avila
Iglesia Católica Agua Santa
Guayaquil – Ecuador

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