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sábado, 22 de octubre de 2011

CONVIVIMOS...


COMPARTIENDO

EXPERIENCIAS  Y  ESPERANZA



Siendo conscientes de que estamos en un momento especial en el que tenemos que aclarar nuestros criterios (respecto a nuestro modo de ser iglesia, lo cual va paralelo a nuestros compromisos con el mundo en que vivimos), un grupo de personas con la viva inquietud de hacer lo posible porque el mundo sea más justo y solidario, nos hemos reunido para compartir sueños, experiencias y esperanzas.

La convivencia ha sido fructífera y muy satisfactoria. Además de volver a descubrir, al compartir la ilusión de estar juntos, que no somos islas y que existen más personas... que ¡estamos en lo mismo!, la jornada nos ha ayudado a poder compartir nuestros estados de ánimo, a cuestionarnos donde estamos, qué queremos...

El tema de estudio-reflexión con el que hemos orientado la jornada ha sido: CLAVES PARA VIVIR EN IGLESIA “PUEBLO DE DIOS” (utilizando como base el libro “Otra Iglesia es posible” de Joaquín Perea). 

Sabemos y vemos claro que la Iglesia que quiso Jesús, como auténtico ser viviente, es igual a sí misma precisamente en su constante renovación. Y que esa tarea de adecuar la Iglesia hoy al proyecto de Jesús, desde la necesaria conversión y el despertar al espíritu misionero, es algo que nos toca directamente a todas y todos quienes somos el Pueblo de Dios.

Los creyentes, somos ciudadanos del mundo y de la Iglesia. Como parte de la Iglesia, que es y ha de ser “Sacramento de la Salvación”; osea “Signo visible del Amor de Dios” a todo el género humano, sin distinción. Quienes formamos y conformamos el pueblo de Dios no sólo somos receptores pasivo de los dones de la salvación y de la palabra de Dios, sino que nos corresponde participar activamente en la tarea de anunciar, denunciar, construir.

Como creyentes en Jesús y su mensaje, nos sabemos “laicos” para “servir”. Existen espacios dónde podemos estar presentes (15-M, ¡Democracia real ya!, ONGs, movimientos donde se puede actuar desde diversas dimensiones (incluso partidos políticos), aún anónimamente.

Desde el ir descubriendo que “Dios camina con nosotros” y nos acompaña en nuestros procesos, vamos sabiéndonos porción de humanidad que se ha sentido llamada por Dios para ser signo eficaz de salvación, sabemos que hemos recibido la directa invitación para “significar”, desde nuestros grupos, que Dios está salvando...

La credibilidad del Evangelio, en el mundo de hoy (sin dejar de ser fieles a sus orígenes), depende del modo de presencia (con participación) de nosotras y nosotros, testigos creyentes, en todas las realidades vitales de la Iglesia “encarnada” en el mundo.

Nos toca ser punto de referencia de una fraternidad sin barreras, abierta universalmente a toda la humanidad, hemos de ser signos de Esperanza.

Concretar nos lleva a compromisos: ¿cómo alentar nuestra esperanza?, ¿qué hacer a partir de hoy?, ¿cómo nos podemos ayudar a vivir nuestro sentirnos Pueblo de Dios, desde nuestros grupos, que además de lo “afectivo” tengan algo de “efectivos”, ¿qué nos es  posible, aquí, ahora?

Algunas cosas sí que tenemos claras: nos merece la pena encontrarnos, compartir nuestras vivencias... (también espirituales; regalándonos, mutuamente, la que es la “clave” de nuestra existencia, en la nuestra fe cristiana); participar coordinada y activamente, en aquello que podamos; asumir algunas tareas de animación y concienciación (las que sean posibles, donde sea posible): nuestra disposición es seguir colaborando en la construcción del “mundo Nuevo” que esperamos. Pero, para avanzar eficazmente, tenemos que invitar a más y más gente a que nos demos las manos y unamos esfuerzos.

¡ESE MUNDO MEJOR TIENE QUE SER POSIBLE!


                                                  José-María Fedriani

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