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jueves, 14 de abril de 2016

ENVÍO Y CONFIANZA


GRACIAS A ELISABETH

Dice el poeta hindú que "Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres."

 
 
 
 


Y digo yo, ahora: cada persona (hombre o mujer) que recibe el crucifijo misionero,  que sale a Misión…, en ella Dios está diciéndonos que espera, que confía en la Iglesia.

Desde aquí, yo me siento interpelado: hoy, como ayer, la tarea de anunciar la Buena Nueva sigue siendo algo de vital importancia; puesto que las gentes, de todos los pueblos de la Tierra, necesitan la paz y la justicia, la comprensión y la misericordia, la confianza y la solidaridad.



Por ello, mi conclusión es inequívoca: el mundo necesita el mensaje del Evangelio. Poco o nada avanzará la raza humana hasta que no hagamos nuestra la “ley del amor”, hasta que no vivamos aceptando a todo ser humano como prójimo, como hermano; reconociendo, así, que Dios es Padre de todos.













En realidad no es tan importante hacer que todos reciban las aguas bautismales que regala la Iglesia Católica, sino que sientan la gracia del don del amor (profundo bautismo) que les haga vivir de esa manera nueva que podemos llamar Fraternidad, pero que también es Reino de Dios comenzado…



Gracias, Elisabeth, por hacernos renovar nuestro deseo de ser y hacer, un poco más cada día, lo que nos corresponde… por, precisamente, saber que Dios nos ama ¡tanto!

 
 
 
 


José María Fedriani

2 comentarios:

  1. Vale, Dios espera y confía, pero ¿y si la Iglesia no es capaz de convencer a las personas que viven en nuestras sociedades tan científicas y que no se creen todo lo que se puede ver y tocar?

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  2. Estoy convencido, cada vez más, de es que el Mensaje (la Buena Nueva) del Evangelio la que transformará la realidad de la Tierra. Es el Evangelio de la Salvación ofrecido por Dios, en la persona de Jesucristo, a toda la especie humana.
    Podemos tomarlo o dejarlo…; pues gozamos del libre albedrío, pero hasta que no digamos SI y lo adoptemos como “norma de vida” iremos mal.
    El mundo, dividido, corrupto, tan materialista… ¡necesita del Amor fraterno! O lo que es lo mismo: llegar a conocer la gran Noticia del Reino de Dios que consiste (en su esencia) en que Dios, que es Amor, nos invita a todas las gentes a vivir en Amor fraterno.
    Sabiéndonos hijas e hijos del mismo Padre, hermanos de todos los humanos; creyéndolo y viviéndolo… ¡seremos realmente una Familia!
    Mientras en el mundo no llegue el Orden Nuevo de la Fraternidad, esto no tiene arreglo.
    Pienso que da igual por dónde llegue a las gentes (a todos) la ésta Noticia de Vida. Pero tiene que llegar y convencer…, hasta que aprehendamos, de verdad, lo que significa para cambiar nuestras actitudes egoístas, xenófobas, radicales, fanáticas, violentas, intransigentes (presentes en tantos ámbitos de la vida política, religiosa, económica, deportiva, laboral, social, familiar y hasta personal).
    El Shalom (la paz, el amor, la justicia, la alegría esperanzada) es para todos. Y es viviéndolo como seremos felices; también como el mundo será humano dichoso, bienaventurado: completo espacio de amistad sin fronteras.
    Estoy convencido. No sólo lo creo, sino que afirmo y asevero: el mundo sólo se salvará con el Amor. Pero con el amor solidario. Ese que es generoso hasta el final: el que nos hace vivir sabiendo que somos “servidores de los otros”; es decir “laicos”.
    Todo el mal que sucede en el mundo es el resultado de obviar las que son obras del amor solidario, que nos llevarán a acabar con odios y guerras, egoísmos y divisiones, maltratos e injusticias.
    Hasta que no sepamos cambiar (a cabalidad) nuestras actuaciones como resultado del convencimiento pleno de que estamos aquí en la tierra para vivir siendo Familia hermanada, reconociéndonos diferentes pero iguales… ¡el mundo no cambiará!
    Por eso, lo más decisivo, lo más importante y urgente que tenemos que hacer es: creérnoslo a cabalidad, dedicarnos a llevar la Buena Nueva, a todos los rincones del planeta Tierra, hasta llegar a todo el mundo. ¡Es necesario contagiar, a todas las gentes, de amor! A todos y también a grupos y familias, a instituciones y empresas, a educadores y gobernantes, a pueblos y ciudades y países enteros. A la gente que trabaja y a los dueños del dinero y controladores del poder: partidos políticos, industrias o empresas multinacionales, pequeños y grandes comerciantes, cuidadores del orden y la justicia, dirigentes a cualquier nivel…
    Pero no se trata de ir “bautizando” a la gente por ahí…, ni siquiera convenciéndola de que se “conviertan” al Evangelio o al Corán… No, lo clave es que la idea cale los corazones, transforme las vidas, ¡llegue el sentimiento profundo de lo que es amarnos! No se trata de llenar la Tierra de religiones, sino de “religaciones”, de amistad, de fraternidad. Y así, estará llegando ese Reino que, consciente o inconscientemente, todo el mundo añora y desea.




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