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sábado, 7 de junio de 2014

EN COMUNIÓN


 
Una canción para hoy
(…tal vez para siempre)




Cuando rezamos, cuando cantamos,
cuando la fiesta es
un celebrar gozoso, es el día
 grande: Pentecostés.
Cuando llevamos en nuestras manos
un resplandor de luz.
En nuestros pechos vive y palpita
el que murió en la cruz.
 


 

Cuando el Señor habita en nosotros,
siempre es Pentecostés.
Cuando el amor nos canta en la vida,
siempre es Pentecostés.
Cuando queremos comprometernos
en una misma fe,
una tarea, un compromiso,
siempre es Pentecostés.
Cuando decimos sí a la Iglesia
con plena lucidez,
soplan de nuevo vientos del cielo
porque es Pentecostés.
 
 


Cuando los hijos ya van creciendo
y dicen que quieren ser
miembros de Cristo y de su Iglesia,
siempre es Pentecostés.
No nos separan lenguas ni razas,
nuestra consigna es
ser en el mundo un testimonio
porque es Pentecostés.
 
 

 

Cuando la fuerza, que estaba oculta,
vence con su poder,
nuestros temores, nuestro egoísmo,
siempre es Pentecostés.
Cuando aceptamos ser levadura
y llama que quiere arder,
nos vinculamos más a la Iglesia
porque es Pentecostés.
 
 

 
 
 

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