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viernes, 15 de marzo de 2013

A PROPÓSITO DEL NUEVO PAPA



LA IMPORTANCIA 
DE  UN  NOMBRE

No. No es lo mismo llamarse Antonio que Abundio; porque cuando unos padres deciden un nombre para sus hijos, están diciéndole algo para que lo mantenga durante toda su vida.

Hay nombres que llevan una historia. Unas veces son historias propias de la familia: son los nombres de los abuelos, los tíos, o de alguien que fue importante en la historia personal de la genealogía familiar… y ya llevan adjunta, inevitablemente, unas referencias. 


También cuando se elige para la prole el nombre de alguien que fue importante por lo que hizo o por su influencia en la historia de la Humanidad. Y, en estos casos, también, lógicamente, son como una brújula que indica un Norte a la criatura que lo va a llevar…

Lo mismo sucede cuando, a la hora de elegir un nombre para los recién nacidos, se prioriza el de un personaje de moda, o que aparece en una canción que influyó en la vida de la pareja de progenitores…

Son nombres que se ponen-imponen al neonato sin requerir su consentimiento, junto a los apellidos y la nacionalidad.

Pero, cuando el nombre lo elije una persona ya adulta para sí misma, como en un segundo “bautizo”, el nombre aún tiene más significación. Ya no es lo que sus padres quisieron, sino lo que esa persona quiere para sí.

Así, si un papa elige el nombre de su antecesor, indica que pretende ser continuista; pero si opta por elegir uno nuevo, distinto de los más usados como Pio o Juan…, quizá que está demostrando al mundo que quiere ser rompedor, que desea hacer cambios importantes.


Al mismo tiempo, si un papa elige el nombre de quien fue un gran santo, como el italiano Francisco de Asís (por otra parte contestatario con un estilo de cristiandad que él criticó duramente; pero que, así y todo, fue elevado a los altares en un muy corto espacio de tiempo). Un hombre sencillo que hizo temblar muchas “normas establecidas” en la Iglesia de su tiempo, por su opción por la sencillez, por su cercanía a la madre naturaleza, por su entrega a la gran causa del compartir su vida con los pobres… Nos parece que esto sí es relevante.


Pero si, además, ese nombre elegido, Francisco (que quiere decir “hombre libre”) es también el que tuvo el gran misionero jesuita español Francisco de Javier… tampoco es dato a menospreciar. 

Ser elegido papa de la Iglesia, en estos tiempos convulsos, y optar por ser llamado Francisco, yo creo que es todo un signo de que tenemos, entre nosotros, a un hombre que puede cambiar michas cosas en el Iglesia y el mundo de hoy. Ojalá. 



                                                        José-M. Fedriani

2 comentarios:

  1. Pienso como tú, el problema es, de que le dejen hacer, que no le aten las manos los que le rodean.
    Gracias
    Con ternura
    Sor.Cecilia

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