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viernes, 22 de marzo de 2013

VIA CRUCIS HOY



TE  VEMOS  PADECER

Señor,  te vemos padecer... y no decimos nada, no hacemos nada, no respondemos a tu llamada, no nos comprometemos con acciones solidarias para evitar que siga sucediendo este crimen impune que, entre todos, estamos cometiendo:

Te vemos padecer cuando nos hablas, diciéndonos las mayores verdades que nadie ha dicho nunca y Tú estás dándote cuenta que apenas atendemos, que no nos enteramos de nada, acaso que no te escuchamos...


Te vemos padecer, hoy, cada ves que alguien dice verdades y esas palabras, esas “buenas noticias “o esas denuncias, son acalladas, manipuladas, tergiversadas... ¡porque no interesa la verdad!

Te vemos padecer cuando vas viendo que, después de desvivirte por la gente, siempre, permanentemente..., hay quienes conspiran contra Ti... y tienes que huir y tienes que esconderte...

Te vemos padecer, hoy, cuantas veces... hay personas solidarias que no son comprendidas, que son malinterpretadas, que se les echa de los sitios porque estorban...


Te vemos padecer cuando nos quieres enseñar que es amando como se pueden resolver verdaderamente los problemas, los conflictos; cuando te empeñas en decirnos, con gestos y palabras, que la vida es servicio, es humildad, es entrega... y nosotros seguimos distraídos...

Te vemos padecer, hoy, en cuanta gente es obligada a hacer los trabajos más serviles que nadie quiere hacer, y también tantas tareas no reconocidas, de mujeres y hombres que hacen posible que la vida sea “cotidiana”, cada día.

Te vemos padecer al pensar que nos dejas la gran Misión de hacer crecer el Amor hasta los confines de la Tierra... y tenemos miedo y nos sentimos perdidos...


Te vemos padecer, hoy, cuando vemos la injusticia que maltrata estructuralmente a un medio mundo, al Sur, llevando a tanta pobre gente a morir de hambre y desnutrición por causa del egoísmo humano.

Te vemos padecer haciéndonos la ofrenda de tu vida, tan temprano, dándonosla antes... de que fuera tarde...; porque veías que te la iban a quitar, y Tú querías demostrarnos que todo pan, que todo vino, que todas las cosas... han de ser compartidas; y también que vivir enteramente es aceptar la muerte que nos llega con libertad, con esperanza, con amor totalmente entregado.

Te vemos padecer, hoy, cuando el egoísmo indiferente lleva a la gente a vivir “sin contar con nadie”, sin pensar en nadie, a vivir “pasando” y haciendo ”oídos sordos” a tanta gente sola, a tanto desahuciado,  a tanta incomprensión y desesperanza de jóvenes, de ancianos, de niñas y niños, de enfermos y olvidados, de amas de casa, de obreros castigados, de emigrantes, de gentes sin futuro...


Te vemos padecer sintiendo la tristeza mortal de la agonía de tus últimas horas..., viendo venir la traición, percibiendo el abandono, la falta de apoyo de quienes tenías más cerca, pero se dejaron dormir.

Te vemos padecer, hoy, en tantas situaciones de agonía y de desesperación terrible, de quienes no tienen más armas que las lágrimas; en medio de tantas traiciones, negocios sucios, pasotismos, cobardías...

Te vemos padecer al ser aprehendido y enjuiciado en medio de una total conspiración, utilizando falsos testigos, manipulando el proceso,  llevándote a ser condenado por el manifiesto interés de unos cuantos.


Te vemos padecer, hoy, cuando por la crueldad y la injusticia de tantos poderes, más o menos ocultos, se condena, sin derecho a defenderse, a todos quienes se enfrentan y no se dejan arrastrar... por el “sistema establecido” por los “dueños” del poder y los dineros... que pretenden ser “amos del mundo” aunque para ello haya que llevan la muerte a toda vida; incluso los ríos, los bosques y hasta el aire...

Te vemos padecer siendo sujeto maltratado en todos los sentidos: latigazos, escupitajos, burlas, heridas de espinas y heridas de abandonos y negaciones. Nadie te apoya, nadie te tiende una mano...

Te vemos padecer, hoy, en situaciones tan parecidas... ¡de ese medio mundo!, de esa paciente humanidad de millones de criaturas cruelmente maltratadas, tantas veces, diariamente, y condenadas a sufrir para que unos pocos disfruten de todo lo que se les antoje...,  porque otros preferimos “no meternos en líos” y, cobardemente, les dejamos...


Te vemos padecer cargando con la cruz, que te hace caer una y otra vez: ¡es demasiada carga para un ser  humano tan maltratado,  tan llevado al extremo de la vida! ¡No es posible, no puede darse más crueldad!.

Y te vemos padecer, como si nada. No intervenimos, huimos... casi todos. Es tu hora de ascenso hasta el Calvario.

Te vemos padecer, hoy, también hoy cargas con la cruz; esa cruz que se convierte... en un recuerdo que puede ser “muy peligroso”,  pues nos llama a la solidaridad con los oprimidos.


¿Quién va a echar, ahora, una mano? ¡Ya no puedes cargar con tanto peso!

Te vemos padecer: ahora Tú estás desnudo, junto a la cruz desnuda. Y eres clavado en la cruz y así la llenas de sentido: Eres el Cristo que das la vida, que te desvives de Amor ¡por todo el mundo!.

Te vemos padecer, hoy, Señor y nos quedamos... callados, como esperando que Tú hagas, que sigas redimiendo... a la esta Humanidad;  pues no llegamos a meter en nuestras vidas el Mensaje de tu vida, del todo Amor que llega a poner ¡Vida en la muerte!


                                      Amén.  


                                                         (José-María Fedriani)
   

viernes, 15 de marzo de 2013

A PROPÓSITO DEL NUEVO PAPA



LA IMPORTANCIA 
DE  UN  NOMBRE

No. No es lo mismo llamarse Antonio que Abundio; porque cuando unos padres deciden un nombre para sus hijos, están diciéndole algo para que lo mantenga durante toda su vida.

Hay nombres que llevan una historia. Unas veces son historias propias de la familia: son los nombres de los abuelos, los tíos, o de alguien que fue importante en la historia personal de la genealogía familiar… y ya llevan adjunta, inevitablemente, unas referencias. 


También cuando se elige para la prole el nombre de alguien que fue importante por lo que hizo o por su influencia en la historia de la Humanidad. Y, en estos casos, también, lógicamente, son como una brújula que indica un Norte a la criatura que lo va a llevar…

Lo mismo sucede cuando, a la hora de elegir un nombre para los recién nacidos, se prioriza el de un personaje de moda, o que aparece en una canción que influyó en la vida de la pareja de progenitores…

Son nombres que se ponen-imponen al neonato sin requerir su consentimiento, junto a los apellidos y la nacionalidad.

Pero, cuando el nombre lo elije una persona ya adulta para sí misma, como en un segundo “bautizo”, el nombre aún tiene más significación. Ya no es lo que sus padres quisieron, sino lo que esa persona quiere para sí.

Así, si un papa elige el nombre de su antecesor, indica que pretende ser continuista; pero si opta por elegir uno nuevo, distinto de los más usados como Pio o Juan…, quizá que está demostrando al mundo que quiere ser rompedor, que desea hacer cambios importantes.


Al mismo tiempo, si un papa elige el nombre de quien fue un gran santo, como el italiano Francisco de Asís (por otra parte contestatario con un estilo de cristiandad que él criticó duramente; pero que, así y todo, fue elevado a los altares en un muy corto espacio de tiempo). Un hombre sencillo que hizo temblar muchas “normas establecidas” en la Iglesia de su tiempo, por su opción por la sencillez, por su cercanía a la madre naturaleza, por su entrega a la gran causa del compartir su vida con los pobres… Nos parece que esto sí es relevante.


Pero si, además, ese nombre elegido, Francisco (que quiere decir “hombre libre”) es también el que tuvo el gran misionero jesuita español Francisco de Javier… tampoco es dato a menospreciar. 

Ser elegido papa de la Iglesia, en estos tiempos convulsos, y optar por ser llamado Francisco, yo creo que es todo un signo de que tenemos, entre nosotros, a un hombre que puede cambiar michas cosas en el Iglesia y el mundo de hoy. Ojalá. 



                                                        José-M. Fedriani

lunes, 11 de marzo de 2013

PARA LEER EN ESTOS DÍAS



Para ayudarnos a soñar con una Iglesia cercana al Evangelio, abierta al mundo, en actitud de escucha…, Gérard Bessière nos regaló en los años 70 un par de libritos sobre una historia a torno a un papa que consiguió llevar a muchos cambios desde el Vaticano hasta… Son dos novelas, escritas en clave de humor,  sobre una hipotética desaparición del papa, que reconfortan a cualquiera que sienta a la Iglesia como una utopía posible.


Por sus viajes a América latina y a África, porque sabía escuchar, porque era pobre, evangélico, porque pocos como él lograban hacerse con la unanimidad, porque su papel discreto y eficaz había aunado a los obispos de todos los países, por sus intervenciones a favor del desarme, por la manera como hablaba de Jesús, con sonrisa profunda,… le hicieron Papa.


Pero… ¿qué pasa cuando el papa desparece del Vaticano?, ¿y si se le encuentra de taxista en París?, ¿y si los servicios secretos de las grandes potencias empiezan a impacientarse…?



Merece la pena buscarlos: dos jornadas de lluvia fresca; desde luego caída del cielo...  

(ISBN =  84-301-0478-9 y 84-301-0553-0).